Solución para el exceso: sopa de codillo de cerdo, un plato reconfortante y fácil
¿Sobran restos de jamón? No los tires. Esta sopa de codillo de cerdo, resultado de una receta familiar, transforma esos huesos en un plato sabroso y nutritivo. Con solo cuatro ingredientes básicos, resulta una forma sencilla de aprovechar al máximo los alimentos.

Sopa de codillo de cerdo: un clásico para días frescos
Esta receta sencilla, transmitida de generación en generación, es el remedio perfecto para los días de frío. La clave reside en la cocción lenta y prolongada que permite extraer todo el sabor del codillo, convirtiéndolo en un caldo rico y sustancioso.
La preparación es sorprendentemente simple: un codillo de cerdo, patatas, judías verdes y pimienta. El secreto, según quienes la han probado, radica en la paciencia. Un cocido lento libera un sabor que impregna cada bocado. Además, la receta no necesita sal, ya que el codillo aporta suficiente sabor salado.
Se recomienda servirla acompañada de pan casero, como hogazas de masa madre o pan de maíz, para disfrutar al máximo del caldo. Pero la versatilidad de esta sopa permite añadir otros vegetales como zanahorias, cebollas o guisantes, ampliando su valor nutricional.
El codillo, usualmente precocido, se desmenuza tras la cocción, y se devuelve a la sopa junto con las patatas y las judías verdes. Esta combinación devuelve a la mesa un plato tradicional con un toque de autenticidad.
La sopa se conserva bien en el frigorífico hasta por cinco días, y también es apta para congelar, lo que la convierte en una opción ideal para tener siempre a mano. Una porción, de aproximadamente 250 ml, aporta 91 kcal.
Esta receta deliza a quienes buscan una comida reconfortante y fácil de preparar. Un plato con raíces que resalta la economía y el sabor en la cocina actual.